El punto de partida de este proyecto es una pequeña casa de piedra ubicada en un núcleo rural de Rois, a unos 20 km de Santiago de Compostela. La vivienda, de aproximadamente 40 m² por planta, se encuentra adosada en su cara norte y muy próxima a otra en la sur, teniendo como orientaciones principales la fachada oeste hacia la plaza del núcleo y la este hacia un pequeño jardín.
Como muchas otras en el rural gallego, la construcción original había sufrido transformaciones y añadidos fruto de las necesidades de sus habitantes. Tras este proceso de compartimentación interior, nos encontramos con una vivienda oscura, con estancias pequeñas y con una distribución derivada de un crecimiento sin planificar.
La intervención, de presupuesto muy ajustado, se plantea como una sucesión de decisiones muy contenidas que irán dando respuesta a las necesidades planteadas por los clientes y, a su vez, poniendo en valor las virtudes latentes en el lugar.
En un primer ejercicio de limpieza, se busca recuperar el volumen original integrado en su contexto: se respetan los muros de piedra, la relación con las 2 zonas exteriores de la parcela (una más pública marcada por el porche de entrada y otra más privada para un pequeño huerto) y los elementos de valor patrimonial de la vivienda como el pozo, el mobiliario exterior de piedra y la fresquera integrada en la fachada principal.
En el interior, de reducidas dimensiones, se introducen los elementos que permitan albergar el programa solicitado por los clientes. Esta pareja de unos treinta años, solicitaba una planta baja lo más diáfana y vinculada a las zonas exteriores para acoger a amigos y familiares, dos dormitorios y una zona independiente para poder teletrabajar.
La posición de los muros se presentaba adecuada para colocar vigas de madera de lado a lado, liberando las plantas de apoyos y aprovechando al máximo el espacio. Introducimos tres niveles: una planta baja libre en la que se ubican la cocina y el salón; en planta primera se disponen los dormitorios y un baño; y en un tercer nivel se construye un pequeño altillo que nos permite aprovechar la altura de la construcción original.
La escalera se coloca como el elemento vertebrador entorno al que se configuran los diferentes espacios. Se ubica en el centro de la planta liberando las fachadas con mejor orientación. Para permitir la permeabilidad y que su impacto visual sea el más ligero posible, se plantea con una chapa de dos milímetros de acero colgada de la estructura principal de la vivienda. De este modo, se puede concebir la planta baja como un espacio continuo y además introducir luz cenital desde los paños de cubierta.
El resto de piezas introducidas aglutinarán el almacenamiento de la vivienda, el mobiliario de cocina, el aseo y lavandería o el baño en la planta primera. Todas ellas se conciben como elementos adosados a las fachadas medianeras que, al mismo tiempo que resuelven el servicio de la vivienda, regularizan y ordenan las geometrías existentes.
Hacia el exterior, la vivienda responde a un ejercicio de integración, tratando de resaltar los valores de las preexistencias. Los muros de piedra se enfoscan de blanco dejando las piezas de mayor valor a la vista. Las ventanas se colocan a haces interiores y en un azul oscuro para marcar los huecos originales.
La fachada delantera se cubre con una estructura ligera, resguardando la entrada de la intemperie. En este espacio, reubicamos elementos de piedra recuperados para definir un espacio de transición entre la plaza del núcleo y el espacio doméstico.